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Autor Tema:Los muertos trascendentales no se entierran, se siembran
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Mensaje Los muertos trascendentales no se entierran, se siembran
on: March 3, 2017, 20:10
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Por Jorge Hernández, colaborador del Programa de Prevención de la Violencia Urbana de CIPREVICA.

La primera vez que supe acerca de Berta Cáceres fue en el marco del II Encuentro Hemisférico contra la Militarización, celebrado a comienzos del mes de octubre de 2008, en la ciudad de La Esperanza, Intibucá, Honduras. La conocí precisamente protestando contra el imperialismo y la presencia de tropas extranjeras, frente a la base militar estadounidense en Palmerola, justo en el corazón de América Central.

Ella fue Berta, una luchadora intibucana que desde joven ofreció su solidaridad en los campos de refugiados salvadoreños que escapaban de la represión militar en su país. Su lucha contra el capitalismo, el imperialismo, el patriarcado y el racismo la convirtieron en una de las lideresas con mayor reconocimiento dentro del movimiento popular hondureño.

Berta será recordada como una de las fundadoras del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), una de las organizaciones con mayor trayectoria en el país y el máximo referente organizativo del Pueblo Lenca, la etnia con mayor presencia en el territorio hondureño.

Los medios masivos de comunicación, en manos de quienes se opusieron a su trabajo, pretenden reducir el legado de Berta a una ecologista que se dedicaba a sembrar árboles y que se oponía al desarrollo de las comunidades indígenas. No obstante, las miles de personas que conocimos su trabajo, sabemos que ella fue una incansable luchadora por la emancipación del pueblo hondureño, una férrea opositora al saqueo de los bienes naturales de los pueblos indígenas, producto de la invasión neoliberal extractivista; candidata a Designada Presidencial en 2009 por la ‘Candidatura Independiente’ encabezada por Carlos Humberto Reyes, cuya propuesta fue concretar la agenda del movimiento social hondureño organizado en la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular; y lideresa de la Resistencia Popular contra el Golpe de Estado.

Todo eso y mucho más era Berta Cáceres, quien con su liderazgo en 2009 ejecutó importantes acciones contra el Golpe de Estado que la posicionaron ante los políticos, empresarios y militares golpistas como uno de los principales objetivos a eliminar. En tal contexto, sufrió todo tipo de amenazas, hostigamientos, y campañas de desprestigio, por las cuales la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le otorgó Medidas Cautelares el 29 de junio de 2009, que obligaban al Estado a darle especial protección por su condición de riesgo.

Paradójicamente fue el mismo Estado su principal victimario, quien además de ordenar descaradas rondas militares alrededor de su casa de habitación, la criminalizó en dos oportunidades, primero en junio de 2013 acusándola de ‘portación ilegal de armas’, delito que no fue comprobado y por el cual se le dictó sobreseimiento definitivo, y posteriormente en 2015, acusada de dirigir a un grupo de indígenas que habría generado daños contra la empresa Desarrollo Energético S.A. (DESA).

En 2006, organizó un movimiento de resistencia pacífica contra la instalación de la hidroeléctrica Agua Zarca sobre el río Gualcarque (sagrado para el Pueblo Lenca), proyecto concesionado a la empresa DESA y respaldado financieramente por la estatal china SINOHYDRO, pero que luego, producto de las acciones emprendidas por el COPINH, decidieron junto a la Corporación Financiera Internacional (institución del Banco Mundial) retirar su apoyo al Proyecto.

Eso condujo a que Berta trascendiera al plano internacional, al reconocerla como ‘la activista que le torció la mano al Banco Mundial y a China’, y al recibir en 2015 el reconocido premio Goldman, considerado como el nobel de medio ambiente. Ya en 2012 había recibido en Alemania el premio Shalon, dedicado cada año a aquellas personas que arriesgan su vida a cambio de la luchar por la justicia y la paz en el mundo.

“También es un riesgo real el que lo encarcelen a uno, que le libren órdenes de prisión, medidas sustitutivas de la cárcel. Lo más peligroso en Honduras, que es una cosa muy cercana, muy real, que incluso yo puedo decir que lo presiento, es el riesgo de perder la vida, ser agredida física y emocionalmente, además de toda una enorme campaña mediática dirigida contra nosotras, porque no es lo mismo ser dirigente mujer que dirigente hombre”

Declaraciones de Berta Cáceres por el asesinato de Margarita Murillo, lideresa del Frente Nacional de Resistencia Popular (ACIPARTICIPA, 2016)

Lastimosamente Berta no se equivocó, durante la madrugada del 3 de marzo de 2016 al menos dos sujetos irrumpieron en su casa de habitación en la Esperanza, Intibucá y la asesinaron. Inmediatamente la Policía Nacional y algunos medios de comunicación intentaron ligar el hecho a un ‘robo violento’ e inclusive a un ‘crimen pasional’, sin embargo, tanto sus familiares como sus compañeros y compañeras del COPINH nunca dudaron de que su asesinato provenía del Estado de Honduras en confabulación con los dueños de las empresas hidroeléctricas a quienes Berta, junto al pueblo lenca, enfrentaban.

Paradójicamente, su asesinato ocurrió en el Día Mundial de la Naturaleza. La noticia conmovió, no solo a la sociedad hondureña, sino a gran parte de líderes y activistas alrededor del mundo, posicionando una vez más a Honduras en el centro de fuertes críticas y amplios debates respecto al contexto de violencia que enfrentan las personas que dedican su quehacer fundamental a la defensa de los recursos naturales, que en el país ha cobrado la vida de más de 120 personas desde el Golpe de Estado a la fecha (Global Witness, 2017).

Hasta hoy, se ha detenido a 8 personas relacionadas con el asesinato, entre ellas un funcionario de DESA y tres personas vinculadas con las Fuerzas Armadas de Honduras. Recientemente, The Guardian (2017) publicó parte de los registros militares de los detenidos e información del expediente de investigación, que demuestran su vinculación con tropas elite formadas por el Gobierno de Estados Unidos de América[1].

Pese a la constante participación de militares y policías en graves violaciones a derechos humanos, Estados Unidos de América continúa siendo “el principal proveedor de ayuda militar y policial a Honduras, el año pasado aprobó $18 millones de ayuda. En los últimos años, el apoyo de Estados Unidos se ha centrado en las Unidades de Fuerzas Especiales de Honduras, creadas originalmente como una Fuerza Contrainsurgencia durante la década de 1980” (The Guardian, 2017), en plena aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional, que dejó a más de dos centenares de personas detenidas-desaparecidas en el país.

Sin duda, el asesinato de Berta Cáceres tiene todas las características de una operación ampliamente planificada, diseñada por inteligencia militar y donde contratar a civiles como asesinos es algo convencional.

La participación de agentes formados en inteligencia militar, sumada al hecho de que ese día no se instaló el acostumbrado retén de control policial – militar en la entrada de la ciudad, la falta de medidas protección que el Estado estaba obligado a brindarle, y el ‘robo’ del expediente original del caso, son algunos signos que pueden hacernos creer que el Estado de Honduras tiene responsabilidad con su asesinato.

Justo en el marco de la conmemoración del primer aniversario de su muerte, las campañas de descrédito y estigmatización contra su hijas y el COPINH se han profundizado; además, la empresa DESA entabló una demanda civil contra Suyapa Martínez, directora del Centro de Estudios de la Mujer – Honduras (CEM-H) por señalar a esa empresa como la responsable del asesinato de Berta, a pesar de que su Gerente Ambiental está detenido por suponerlo uno de los autores intelectuales del crimen.

Hagan lo que hagan no podrán ensuciar el legado de Berta Cáceres, su historia de resistencia contra el capitalismo, el imperialismo, el patriarcado y el racismo, fue y seguirá siendo fuente de inspiración para todas aquellas personas que creemos que la construcción de un mundo más justo es posible.

Hoy que conmemoramos un año de su siembra, recordamos su llamado: “¡Despertemos! ¡Despertemos Humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal.”

Luego de un año de impunidad, los hondureños y las hondureñas continuamos elevando nuestra voz por justicia, demandando cárcel para los asesinos intelectuales, reivindicando su memoria, exigiendo la expulsión de los proyectos mineros e hidroeléctricos instalados de informa inconsulta sobre territorios indígenas, trabajando a favor de la defensa y promoción de los derechos humanos y luchando por construir una Centroamérica más justa y equitativa.

Tegucigalpa, Honduras, 03 de marzo de 2017

Bibliografía

ACIPARTICIPA. (2016). Medidas Cautelares en Honduras: sueño y realidad. Tegucigalpa.

Global Witness. (2017). Honduras: el país más peligroso del mundo para el activismo ambiental. Londres.

The Guardian. (27 de febrero de 2017). Berta Cáceres: Documentos de la corte muestran enlaces sospechosos de asesinato ‘a las tropas de elite’ entrenadas por Estados Unidos. Obtenido de: https://www.theguardian.com/world/2017/feb/28/berta-caceres-honduras-military-intelligence-us-trained-special-forces

______

[1] Mariano Díaz Chávez. Jefe de Inteligencia del Ejército en 2015, asistió a varios cursos de contrainsurgencia en las bases de las Fuerzas Especiales en Tegucigalpa y en el Bajo Aguán; en 1997 participó en cursos de cadetes en Fort Benning, Georgia, y en 2005 en un curso de lucha contra el terrorismo en la Inter-American Air Forces Academy.

Teniente Douglas Giovanny Bustillo. Registros militares muestran que en 1997 recibió cursos de artillería y logística en la Escuela de las Américas, en Fort Benning, Georgia, que entrenó a centenares de militares latinoamericanos, que más tarde cometieron aberrantes violaciones a derechos humanos por todo el continente.

Sargento Henry Javier Hernández. Francotirador de las Fuerzas Especiales que había trabajado bajo el mando de Díaz Chávez. La Fiscalía considera que también pudo haber trabajado como informante de inteligencia militar, después de abandonar el Ejército en 2013.

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